El agua y tu piel

Durante el día, muchas personas no consumen el agua necesario para una correcta hidratación. Un consumo inadecuado de agua se torna evidente en el aspecto de la piel ya que es el agua la responsable de que tu piel se mantenga tersa y radiante, previniendo la piel seca y escamosa, las líneas de expresión y las ojeras. Además, a medida que se envejece, la piel se vuelve más delgada de ahí que los signos de la pérdida de agua se vuelvan aún más visibles.

También es cierto que a medida que una persona envejece, la piel produce menos aceite lubricante natural o sebo. El sebo ayuda a mantener la piel suave y flexible. La reducción de los niveles de sebo conducen a una piel cada vez más seca, así como a un aumento de las líneas de expresión y arrugas. Beber agua ayuda a contrarrestar este proceso, manteniendo la piel enriquecida con un suministro constante de humedad natural.

Además, el cuerpo está equipado con un mecanismo de supervivencia llamado “Keen”. Si hay una escasez de agua, tu cuerpo va a desviar el agua disponible y lo va ha poner a disposición de los órganos que son críticos para la supervivencia. La piel aunque es importante, está en un segundo plano frente a otros órganos como el corazón, los pulmones y el hígado. Con el tiempo, la redistribución coherente de agua de la piel causará un efecto secado con una apariencia tipo cuero o tipo pergamino. A medida que se envejece, esto puede causar grietas y fisuras en la piel. Esto también aumenta la profundidad y la anchura de las arrugas. El aumento del consumo de agua ayudará a aliviar este problema.